En un mundo cada vez más volátil, proteger nuestro patrimonio se ha convertido en una prioridad. El oro, junto a otros activos refugio, ofrece una vía comprobada para salvaguardar el valor acumulado frente a crisis económicas, tensiones geopolíticas y turbulencias financieras.
Durante los primeros meses de 2026, el mercado del oro ha mostrado una fortaleza fuera de lo común. Tras superar máximos históricos, este metal precioso se consolida como un pilar en las carteras de inversores conservadores y agresivos por igual.
En enero, el precio del metal dorado superó los 5.300 dólares por onza, marcando un hito para la serie histórica moderna. Aunque actualmente ronda los 4.964 dólares, mantiene un avance del 90% respecto a inicios de 2025 y un 15% desde comienzos de 2026.
Este impulso no se limita al oro: plata, platino y paladio también experimentan movimientos alcistas, confirmando un cambio de paradigma en el mercado de metales preciosos.
El papel del oro trasciende una simple cobertura contra la inflación. Sus características intrínsecas lo convierten en un refugio estratégico cuando la confianza en las divisas y el sistema financiero se tambalea.
Además, el oro no requiere un shock inflacionario para apreciarse. Basta con un aumento de la incertidumbre y una caída del apetito por riesgo para que sus precios suban.
Actúa como diversificador frente a shocks simultáneos que afectan a bonos y acciones, y su cotización responde más a flujos y percepciones de riesgo global que a fundamentos industriales.
El actual repunte del oro recoge múltiples causas interrelacionadas que refuerzan su atractivo:
Estos elementos generan un entorno donde los inversores buscan reducir exposición a activos de riesgo y fortalecer sus reservas con metales preciosos.
La profundidad y liquidez que ofrece el mercado del oro son determinantes para su función como activo refugio. A diferencia de otros instrumentos, permite entradas y salidas de capital significativas sin desestabilizar el precio.
En Londres, por ejemplo, el volumen nocional promedio diario asciende a decenas de miles de millones de dólares, garantizando liquidez inmediata en periodos críticos.
Esta característica resulta clave en eventos de cola o estrés extremo, cuando la prioridad es convertir rápidamente activos en efectivo.
El nivel de deuda pública de Estados Unidos, próximo a 38 billones de dólares, aumenta el riesgo de balance soberano. En este escenario, los mercados premian activos que no dependan del crédito de un emisor.
El oro brilla especialmente cuando sube la prima por riesgo fiscal e institucional, y se convierte en la opción predilecta para bancos centrales y gestores de reservas.
Además, las decisiones de política monetaria pueden generar movimientos abruptos en tasas reales y en la cotización del dólar, impulsando la demanda de oro como activo de reserva.
Los bancos centrales siguen siendo compradores netos sostenidos. Según el World Gold Council, en 2025 las compras netas alcanzaron 220 toneladas solo en el tercer trimestre, acumulando 634 toneladas hasta septiembre.
Esta demanda es menos sensible al ciclo económico y más estratégica, amortiguando caídas cuando el apetito especulativo se enfría. La acumulación continua por parte de estas instituciones refuerza el piso de precios.
En paralelo, los inversores minoristas han incrementado su participación a través de diversos instrumentos. Los ETFs de oro, con alta liquidez y acceso sencillo, lideran la demanda estructural.
Las acciones de mineras y otros productos cotizados también han captado flujos importantes. En 2025-2026, el precio del oro avanzó un 14,44% y el de la plata un 6,71%, reflejando el interés renovado por los metales refugio.
El consenso de analistas sugiere que el oro podría alcanzar los 6.000 dólares por onza. Deutsche Bank y Gregorio Gandini coinciden en un repunte hacia ese nivel en el corto a mediano plazo, mientras Bank of America destaca su tesis de inversión más sólida.
Desde el punto de vista técnico, el sesgo alcista se mantiene con precios por encima de las medias de 50 y 200 periodos. El análisis H4 muestra resistencias en 4.810 y extensiones posibles hacia 5.150, mientras soportes clave se ubican en 4.605 y 4.645.
El RSI, cercano a 71, sugiere sobrecompra de corto plazo, pero los fundamentos apoyan una continuidad de la tendencia alcista.
Existen múltiples vehículos para acceder al oro, desde la compra física hasta derivados complejos. Cada opción presenta ventajas y riesgos que deben evaluarse según el perfil de inversor.
Entre las principales ventajas de incorporar oro en la cartera destacan:
Al equilibrar exposición a activos de riesgo con posiciones en oro, los inversores pueden mejorar el perfil riesgo-retorno de sus portafolios y reducir la incertidumbre asociada a escenarios adversos.
En definitiva, el oro y otros activos refugio continúan demostrando su valor fundamental: preservar riqueza, garantizar liquidez y aportar estabilidad cuando más se necesita. Ante un panorama global lleno de retos, contar con estos instrumentos es una estrategia clave para proteger el patrimonio y afrontar con confianza el futuro.
Referencias