En un mundo marcado por tensiones crecientes y transformaciones profundas, comprender los riesgos globales es vital. Este análisis detalla cómo las dinámicas geopolíticas y económicas configuran nuestro futuro inmediato y plantea caminos para impulsar la estabilidad y la prosperidad.
Las decisiones que tomemos hoy tendrán un impacto directo en la seguridad, el crecimiento y el bienestar de las próximas generaciones. Este recorrido inspira a actuar con visión y responsabilidad.
El Foro Económico Mundial (WEF) identifica a la el principal riesgo global para 2026 en la confrontación geoeconómica, desplazando a los conflictos armados tradicionales. Con un 18% de probabilidad de desencadenar una crisis mundial, esta rivalidad entre potencias se alimenta de sanciones, barreras comerciales y disputas tecnológicas.
A corto plazo, los expertos señalan la colisión de conflictos armados, la instrumentalización económica y la fiebre de polarización social. A largo plazo, factores como la aceleración tecnológica y el declive ambiental agravan los riesgos, creando un entorno de incertidumbre persistente.
Además, fenómenos como fenómenos climáticos extremos y devastadores y la desinformación y los ciberataques intensifican las fracturas políticas y sociales. Comprender este entramado de amenazas es el primer paso para diseñar respuestas efectivas.
Un 50% de líderes y expertos anticipa un mundo turbulento o problemático en los próximos dos años, cifra que crece hasta el 57% a diez años vista. Solo el 10% prevé un escenario relativamente estable en el largo plazo. Estas percepciones revelan una creciente ansiedad colectiva ante un orden multipolar o fragmentado a 10 años.
La fragmentación global coloca a gobiernos y empresas en un constante estado de alerta, obligándoles a revisar estrategias de alianzas y mercados. La multipolaridad redefine la cooperación internacional, exigiendo nuevos mecanismos de diálogo y gobernanza.
El inicio de 2026 trajo acciones de alto voltaje: la intervención de EE.UU. en Venezuela y la atención sobre Groenlandia. El anuncio de considerar fuerzas militares genera inquietud, aunque el escenario diplomático se mantiene como opción principal.
En Medio Oriente, las revueltas en Irán y el riesgo sobre suministros de petróleo y gas recuerdan lo frágil de la estabilidad energética. Al mismo tiempo, en Ucrania se vislumbran avances hacia un acuerdo posguerra, aunque la división territorial sigue siendo un obstáculo crucial.
Los mercados, por ahora, muestran calma: el apetito por riesgo en acciones globales se mantiene, mientras el oro se consolida como refugio estratégico contra la volatilidad y los inversores ajustan carteras con cautela.
El FMI proyecta un crecimiento global del 3,3% para 2026, con el comercio mundial reduciéndose al 2,6%. La inflación descenderá lentamente al 3,8%, por encima de los objetivos de los bancos centrales. Una corrección de la burbuja tecnológica podría restar hasta 0,4 puntos al crecimiento.
El aumento de deuda pública y privada tras la pandemia y los estímulos deja a muchas economías sin margen para nuevos choques. La refinanciación en entornos de tipos elevados podría detonar crisis en regiones vulnerables, especialmente África y América Latina.
La fragmentación comercial y tensiones logísticas agravan la incertidumbre: aranceles, represalias y bloqueos potencian primas de riesgo, salidas de capital de emergentes y correcciones en renta variable. Los bancos centrales de mercados emergentes recortan tipos con monedas vulnerables y altos niveles de deuda.
En España, la desaceleración desde tasas superiores a la media de la Eurozona y la reducción de fondos europeos presionan el crecimiento. Ajustar el rumbo fiscal y aprovechar la inversión estratégica será crucial para sostener la recuperación.
Frente a este panorama, la acción colectiva y la anticipación son claves para reducir vulnerabilidades y potenciar oportunidades.
La resiliencia global emerge de la capacidad para dialogar, adaptarse y cohesionar esfuerzos. Cada actor —público y privado— puede aportar soluciones que transformen la incertidumbre en progreso compartido.
Hoy más que nunca, nuestra tarea es construir puentes de entendimiento y diseñar políticas con visión de futuro. Solo así podremos enfrentar los desafíos de 2026 y más allá, protegiendo vidas, economías y el planeta.
Referencias