En la actualidad, el crédito al consumo se ha convertido en una herramienta cotidiana para millones de personas, pero su mal uso puede comprometer seriamente nuestra salud financiera y mental.
La deuda consolidada de los hogares en España alcanza cifras alarmantes, lo que nos obliga a reflexionar sobre cómo gestionamos nuestras finanzas.
Este artículo tiene como objetivo desentrañar la compleja relación entre el endeudamiento y el bienestar, centrándose en el papel específico de las tarjetas de crédito.
Según datos recientes, la deuda de los hogares españoles se sitúa en unos 714.000 millones de euros, aproximadamente el 43,1% del PIB.
A pesar de ser el nivel más bajo desde el año 2000, se observa un auge significativo en el crédito al consumo.
Entre enero y octubre de 2025, los créditos al consumo alcanzaron 37.924 millones de euros, un 20% más que en el mismo período del año anterior.
Este crecimiento es interpretado como la cara B de la pérdida de poder adquisitivo, donde muchas familias recurren al crédito para mantener su nivel de vida.
La refinanciación puede reducir las cuotas mensuales, pero el coste total del crédito puede multiplicarse por 3,5 debido al aumento de plazo e intereses.
Bien usadas, las tarjetas de crédito ofrecen flexibilidad y oportunidades para cubrir necesidades puntuales.
Sin embargo, mal usadas, generan más gastos y menos ahorro, erosionando el colchón de emergencias.
El sobreendeudamiento se convierte en una trampa cuando se financia consumo recurrente, como supermercado o ocio, de forma sistemática.
Estos productos son especialmente riesgosos debido a sus altos costes.
La TAE de los minicréditos se ha más que duplicado en los últimos años, evidenciando su peligrosidad.
Estos productos suelen usarse para llegar a fin de mes, lo que agrava el ciclo de deuda y reduce el bienestar financiero.
La salud financiera se define como la capacidad de cubrir gastos sin estrés extremo y mantener un nivel de deuda sostenible.
Un estudio en Colombia muestra que quienes tienen tarjeta de crédito presentan un nivel de bienestar financiero de 66,5 puntos, frente a un nivel menor entre quienes no la tienen.
Esto sugiere que tener tarjeta no es en sí negativo; todo depende del uso y del contexto, como los ingresos y la educación financiera.
El uso indebido de tarjetas puede originar estrés financiero, con síntomas graves que afectan la calidad de vida.
En España, las finanzas personales son la cuarta causa de estrés, afectando al 30% de la población.
La Generación Z acumula niveles históricos de deuda en tarjetas, agravado por redes sociales y acceso fácil al crédito.
Encuestas en EE. UU. revelan que el 71% asocia las tarjetas con estrés emocional, y el 43% se siente estresado después de usarlas.
Para evitar caer en la trampa del endeudamiento, es esencial adoptar hábitos financieros saludables.
La regulación juega un papel clave en controlar intereses abusivos, pero la responsabilidad personal es fundamental.
Las tarjetas de crédito no son inherentemente malas; con conciencia y disciplina, es posible aprovechar sus beneficios.
Reflexionar sobre los hábitos de consumo y priorizar el ahorro puede transformar la relación con el dinero.
Al final, el equilibrio entre deudas y bienestar depende de decisiones informadas y acciones proactivas para construir un futuro más seguro.
Referencias