En un entorno donde la innovación avanza a pasos agigantados, las organizaciones financieras se enfrentan a riesgos sin precedentes. Para 2026, el sector debe adaptarse frente a atacantes cada vez más sofisticados.
El año 2026 marca un punto crítico: el sector financiero es el objetivo predilecto de los cibercriminales. Con un volumen de cibercrimen que supera los 10,5 billones de dólares al año, el impacto sobre bancos, fintechs y usuarios individuales es alarmante.
Las brechas de terceros afectaron al 97% de los principales bancos de EE. UU., mientras los ataques DDoS y el phishing aumentaron su velocidad por cien en tan solo cuatro años. En respuesta, los presupuestos en ciberseguridad crecerán un 9% anual en los próximos dos años.
Los datos de 2025 revelan un aumento constante de incidentes y pérdidas:
Además, los ataques de ransomware crecieron un 37% y la extorsión doble—robos de datos más cifrado—se consolida como tendencia.
Tras el telón, grupos organizados despliegan tácticas cada vez más agresivas:
Asimismo, las campañas de DDoS patrocinadas y el uso de IA para generar malware adaptativo reducen los tiempos de ataque a 25 minutos.
Latinoamérica experimenta un crecimiento de incidentes anual del 25%, impulsado por la madurez desigual de sus infraestructuras y la atracción que ejerce el bajo nivel de protección. El coste medio por filtración en la región supera los 2,76 millones USD, un aumento del 12% respecto a 2024.
En España, se registraron cerca de 100.000 incidentes en 2024, un 16% más que el año anterior, lo que subraya la necesidad de una resiliencia operativa continua.
Para 2026, la IA redefine tanto las ofensivas como las defensas. En el lado atacante, algoritmos automatizan fraudes financieros, desarrollan deepfakes corporativos y generan malware capaz de esquivar detecciones clásicas.
Sin embargo, las mismas herramientas permiten consolidar defensas: detección de comportamiento en tiempo real, análisis predictivo y respuestas inmediatas.
Para pasar de un modelo reactivo a uno proactivo, las instituciones deben integrar tecnología, procesos y talento:
1. Estructuras organizativas robustas: contar con un CISO formal y un SOC interno o tercerizado.
2. Gobernanza y gestión de riesgos holística: crear políticas que integren continuidad de negocio y resiliencia frente a amenazas sistémicas como IA o riesgos geopolíticos.
3. Tecnologías avanzadas: implementar soluciones de detección proactiva, escaneo continuo de APIs y protección de activos no gestionados, que representan más del 30% de las brechas en 2026.
4. Educación y concienciación: capacitar a empleados y clientes en técnicas de phishing y seguridad móvil, fortaleciendo la primera línea de defensa.
5. Cumplimiento normativo y auditorías regulares: preparar protocolos de notificación de brechas en tiempo real y ejercicios de simulación (red teaming).
Ante un entorno dinámico y amenazas en constante evolución, los usuarios y empresas deben priorizar:
- Adoptar modelos de confianza cero y segmentación de redes.
- Invertir en IA defensiva y automatización de respuestas.
- Fortalecer la cadena de suministro y verificar cada tercero.
- Mantener presupuestos flexibles (+9% en ciberseguridad) y programas continuos de formación.
Solo a través de una estrategia integral y proactiva será posible proteger los activos digitales y garantizar la estabilidad financiera en los años venideros.
Referencias